LA HISTORIA DE

DON MANUEL BELGRANO

 y su relación con la obra de Manuel Lacunza

Orígenes del Adventismo en la Argentinidad Patria

 

NOTA DEL WEBMASTER:  Los adventistas, creen que Manuel Belgrano apoyando la obra de Manuel Lacunza, sin saberlo, estuvo involucrado en lo que más tarde sería el surgimiento de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en el Río de la Plata.

 

FOTO IZQ.: Retrato del Dr. Manuel Belgrano (1770-1820) realizado por Prilidiano Pueyrredón (1823-1870).

FOTO DER.: Retrato del padre Manuel Lacunza y Díaz. (Reproducido de: Alfredo Félix Vaucher. Lacunza, un heraldo de la segunda venida de Cristo. Mountain View, California: Ediciones Interamericanas, 1970, p. 8).

 


Universidad Nacional del Litoral
Área de Filosofía General y Epistemología

Facultad de Humanidades y Ciencias

Departamento de Filosofía

 

IV JORNADAS DE COMUNICACIÓN DE

 

INVESTIGACIÓN EN FILOSOFÍA

2003

 

" Manuel Belgrano y Manuel Lacunza S.J.: Una conexión intelectual enigmática".[1]

Lic. Juan Carlos Priora[2]

Universidad Adventista del Plata

 

 

RESUMEN

 

            Manuel Lacunza y Díaz S.J. (1731-1801), fue un expulso chileno quien, mientras residió en Ímola (Italia), escribió –en castellano- La Venida del Mesías en Gloria y Majestad,  un extenso y meduloso comentario sobre el libro de Apocalipsis o Revelación que generó ardientes polémicas tanto en Europa como en América, pero que, sin lugar a dudas, fue un “best seller”.

            El Dr. Manuel Belgrano (1770-1820) hizo imprimir en Londres (1816) una cuidada y costosa edición (1500 ejemplares) de La Venida..., en cuatro volúmenes (1.937 págs.).  Sin embargo, los grandes biógrafos de Belgrano no mencionan este hecho, ¿por qué?

            Teniendo en cuenta estos antecedentes nos formulamos el siguiente problema: ¿Por qué D. Manuel Belgrano se interesó en la obra de Lacunza? Para resolverlo planteamos cuatro hipótesis.

 

INTRODUCCIÓN

 

Desde fines del S. XVIII y durante las primeras tres décadas del S. XIX hubo un gran interés entre los intelectuales, primordialmente europeos y americanos, por la vida, el pensamiento y la obra del sacerdote chileno Manuel Lacunza y Díaz s.j. (1731-1801).

 

En el Virreinato del Río de la Plata, más precisamente, en el actual territorio argentino, fueron varios los partidarios del lacuncismo, como así también quienes lo combatieron. Entre los primeros se destaca el Dr. Manuel Belgrano (1770-1820), uno de los líderes del movimiento revolucionario de Mayo.

 

La figura de don Manuel Belgrano es tan relevante que hace décadas se creó el Instituto Nacional Belgraniano, con sede en la ciudad de Buenos Aires (Defensa y Av. Belgrano) poseedor de una biblioteca especializada; además, realiza tareas de investigación y difusión. Sin embargo, poco se ha dicho acerca de la enigmática conexión que nos proponemos esclarecer.

 

En cuanto a don Manuel Lacunza, si bien es cierto que  desde hace dos siglos se viene estudiando su vida, pensamiento e influencia, en las últimas décadas se ha retornado al tema. con énfasis y nuevos enfoques.

 

Sin embargo, llama la atención que los biógrafos de Belgrano - que son muchos-, tanto los clásicos como Bartolomé Mitre (1821-1906) y Mario Belgrano (1883-1947), cuanto los más recientes, es el caso de Ovidio Giménez quien en 1993 publicó un voluminoso trabajo acerca del creador de la Bandera Argentina, no hagan alusión al interés de Belgrano por Lacunza. Tampoco lo hizo un estudioso del pensamiento religioso de los próceres argentinos como fue J. Luis Trenti Rocamora (1944). También es cierto que hay varios trabajos, muy buenos, pero poco extensos, acerca del tema. Sobre la base de estos antecedentes nos formulamos el siguiente problema: ¿Por qué D. Manuel Belgrano se interesó en la obra de Lacunza al punto de ocuparse personalmente de hacer imprimir, en Londres, una cuidada edición de La venida del Mesías en gloria y majestad  y por qué sus principales biógrafos no se ocuparon de esta actividad del prócer?

 

Para encarar esta investigación nos formulamos las siguientes hipótesis: Belgrano se interesó en la obra del Padre Lacunza por las siguientes razones:

  1. Por sus profundas convicciones cristianas que le hacían creer en “la venida del Mesías en gloria y majestad” como la concreción de la esperanza bienaventurada de todo cristiano.

  2. Porque estaba convencido de que muchas personas anhelaban tener una buena edición de la obra de Lacunza y que la lectura de ella era beneficiosa para esas personas.

  3. La difusión de Lacunza en el Río de la Plata y su lectura, demostraría, a la dirigencia española en particular y, por extensión, al resto de Europa, que los americanos rioplatenses si estaban en condiciones de leer y entender a uno de los autores más requeridos entre la intelectualidad de la época, esos americanos también calificaban para ser independientes, darse sus propias instituciones y gobernase a sí mismos. En síntesis, estarían en condiciones de insertarse entre las naciones civilizadas del orbe.

  4. También demostraría que los americanos, aunque emancipados y con otras ideas políticas, de todas maneras eran cristianos fervientes, no herejes y anticristianos como “la oposición” los hacía aparecer.

3.                          Responder a estos interrogantes y contrastar estas hipótesis con los datos obtenidos, fue el objetivo primordial de la presente investigación. 

 

 

Manuel Belgrano y Manuel Lacunza: Una relación intelectual

 

FOTO ABAJO: Portada del libro de Lacunza, de la llamada edición Belgraniana, en cuatro tomos, impresa en Londres por la Imprenta de Carlos Wood en 1816 (Reproducida por Juan Carlos Priora del ejemplar existente en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires).
 

¿Cómo y cuándo conoció Belgrano La Venida del Mesías en gloria y Majestad? ¿Cómo se puede demostrar que Belgrano fue el editor de la edición de 1816? ¿Por qué se interesó en editarla?  Las respuestas a estos interrogantes se darán en el siguiente parágrafo.

 

Son tres los argumentos que se pueden exhibir para demostrar la real relación de Belgrano con la obra de Lacunza:

 

a.     a. La amplia difusión del lacuncismo por Europa y América.

 

Es bueno recordar que el prócer estuvo en Europa entre 1786 y 1794, época de circulación  de las copias manuscritas de La Venida...  Pero, además, el milenarismo y el sistema escatológico del piadoso sacerdote fue calurosamente recibido allí, como fue demostrado al hablar de Lacunza.  El estudioso chileno Mario Góngora demostró que los movimientos milenaristas tuvieron algunos períodos de decadencia y otros de resurgimiento, y que éstos coincidieron con etapas de crisis.  El lacuncismo aflora en la época de la Revolución Francesa, del imperio napoleónico y de la Restauración o Santa Alianza (1815), y comienza a decaer hacia la tercera década del siglo XIX. [3]

 

Belgrano no permaneció ajeno a esas manifestaciones intelectuales, puesto que nada escapó a la universalidad de su pensamiento y, además, sintió gran atracción por los temas religiosos.

Por el mismo tiempo algo similar ocurría en América; varios rioplatenses se ocuparon de Lacunza, como lo ha demostrado Abel Chaneton en la obra citada y comentada.[4]

 

b.      b. El padre Isidoro Celestino Guerra y Manuel Belgrano

 

Fray Isidoro Celestino Guerra fue un dominico de destacada actuación.  Prior del Convento de Santo Domingo en Buenos Aires y posteriormente provincial de su orden (1807-1811). También profesor y arquitecto. Abrazó la causa de la Revolución y la sirvió con dedicación.  Fue vecino y amigo de la familia Belgrano, tan identificada con los seguidores de Santo Domingo de Guzmán.  No debe olvidarse que la casona de los Belgrano estuvo en el solar que hoy se identifica con el N° 430 de la Av. Belgrano. Coincidentemente, Fray Isidoro fue al descanso en mayo de 1820[5]

Belgrano, con su salud muy deteriorada, agregó a sus propios dolores, el fallecimiento de Fr. Isidoro.  No obstante quedaban los buenos recuerdos de las pláticas mantenidas y, entre los temas abordados, no debe de haber faltado el comentario sobre la obra de Lacunza, pues Guerra poseyó la copia manuscrita más prolija y exacta de todas las que circulaban por Buenos Aires[6].   Fue ésa la que llevó Belgrano a Londres para ponerla “en letras de molde”. [7]

 

c. La donación de Bartolomé Muñoz a la Biblioteca de Buenos Aires

 

El presbítero Bartolomé Doroteo Muñoz, nació en Madrid en 1776.  Se doctoró en Chuquisaca. Era primo hermano del Gral. Tomás Guido (1788-1866).  Cuando en 1810 estalló la Revolución, estaba en la Banda Oriental.  Fue uno de los pocos españoles que en Montevideo adhirieron a ella.  Esto le significó la expulsión.  Estuvo en el ejército que sitió esa plaza entre 1811 y 1814.  En 1813 fue designado Vicario interino del Ejército del Este; ese mismo año se lo nombró diputado por Maldonado a la Asamblea del Año XIII.  En 1814 se encuentra como capellán del Regimiento de Infantería N° 6.  En 1815 pasó a Buenos Aires en donde se desempeñó como vicario subdelegado del ejército provincial.  Luego pasó a desempeñarse como Vicario General del Ejército del Norte.  Allí conoció al Gral. Belgrano.  Posteriormente se estableció en Buenos Aires y, entre otros menesteres, se dedicó al periodismo.  El 23 de octubre de 1816 publicó el primer número de El Desengaño; el último fue editado el 1° de enero de 1817.  Fue entusiasta partidario del Congreso de Tucumán.  Tal vez la actividad a la que le dedicó más tiempo fue a la poesía. De todas maneras fue un hombre múltiple. Breda lo expresa así:

 

“Lo notable de la vida de Muñoz es que se dedicó a la poesía, en medio de una vida agitada por innumerables ocupaciones, fue memorialista, cartógrafo, periodista, historiador, cronista, bibliófilo, astrónomo, meteorologista, naturalista, coleccionista, calendarista, predicador, almanaquero, funcionario público, orador, dibujante, arqueólogo, vigilante de la salud pública y su profilaxia, insigne sacerdote y destacado patriota”.[8]

 

En 1830 fue elegido diputado provincial por el distrito de Morón, Matanza, San Fernando y Las Conchas.  Falleció el 28 de mayo de 1831 en Montevideo.

 

La Gazeta Ministerial de Buenos Aires informaba a sus lectores lo siguiente: “Donativo que hace a la Biblioteca de las Provincias Unidas del Río de la Plata el ciudadano Bartolomé de Muñoz”.[9]

 

¿De qué donación se trataba?  A continuación el periódico aludido da el detalle de los libros que donó.  De todos, a los efectos de esta investigación, nos interesa el mencionado en séptimo lugar:  Se trata del tomo primero de La Venida del Mesías en Gloria y Majestad.  Es un volumen de 529 páginas, de 18 x 13 cm., que contiene la primera parte y algo de la segunda de la obra completa.  No tiene lugar ni fecha de edición. Probablemente se trate de la primera edición, Cádiz, 1811.  Otros afirman que debe de ser la segunda edición de 1812, porque la primera no llegó a América, pues se agotó en Europa.  Guillermo Furlong acepta como probable la primera fecha, pues estima que a esta edición se refiere el padre Diego León Villafañe S. J., en una carta fechada en Tucumán el 4 de abril de 1812, cuando dice: “‘Los amantes de Lacunza se alegran teniendo su obra en letra de molde’ (Arch. Prov. Arg. Chil). Dada la tardanza de las comunicaciones postales de aquellos tiempos, no podemos menos de afirmar que aludía a una edición  de 1811”. [10]

 

Cuando Belgrano y un grupo de amigos compararon el ejemplar donado por Muñoz con la copia del padre Isidoro Celestino Guerra, advirtieron que se apartaba mucho del texto original.  Esa fue una de las causas que lo estimularon a imprimir una cuidada edición.

 

Nos preguntamos, ¿por qué se interesó Belgrano en hacer otra edición de La Venida...?  Se pueden mencionar cinco razones:

a. Las convicciones religiosas de Belgrano:

    Belgrano, como cristiano coherente, creía en la doctrina de la segunda venida de Cristo y consideraba que Lacunza la exponía con claridad.[11]

b. Desvirtuar la acusación de “herejes y enemigos de la religión”.

 

Además, quería neutralizar la opinión de los enemigos de la Revolución de Mayo, que acusaban a los hombres de Buenos Aires y a sus adherentes, iniciadores de la Revolución, de herejes y enemigos de la religión.

 

c. Eran muchos los que deseaban poseer una edición impresa de La Venida del Mesías...

 

Antes de 1814 se había considerado la posibilidad de imprimirla, pero comenzó a circular la noticia de que ya se había impreso y los interesados quedaron a la espera.  Como se dilataba el arribo, pensaron que el anuncio no pasaba de ser una falsa alarma. Es entonces cuando la Gazeta dio la noticia de la donación del presbítero Muñoz.

 

d. Errores sustanciales en la edición donada por Muñoz. 

Los dos tomitos donados por Muñoz a la Biblioteca Pública[12], no contenían la totalidad de la obra. Además, al compararla con el manuscrito del Padre Guerra se advirtieron gravísimos errores.  El autor del prefacio a la edición Belgraniana de 1816, titulado “El Editor a los Americanos” sostiene que, además de no indicarse ni año ni lugar de impresión, parece que

 “se anduvo muy de priesa como en negocio de contrabando, ó que fue muy imperfecta, y defectuosa la copia que sirvió de original, el resultado ha sido, que la impresión hecha está tan llena de errores, y errores tan substanciales, que puede decirse sin exageración, habria sido (á pesar de los mucho que lo era) menos sensible á los apasionados carecer por mucho tiempo de la obra, que tenerla al punto en una forma, que solo puede servir para denigrarla haciendola digna de una justa censura”. [13]

 

Belgrano y sus amigos consideraron que no se podía dar esa ventaja a los enemigos de Lacunza, por eso se compromete a realizar otra edición más cuidada sobre la base de un original más seguro.  Así lo expresa en el citado “El Editor a los Americanos”:

 

“El exâmen, y descubrimiento de lo que acabámos de decir hizo á los apasionados no solo disgustarse, sinó tratar del remédio, entrando nuevamente por medio de subscriptores en el antiguo proyecto, que se había suspendido por el accidente que sobrevino y dexámos expresado.

“Principiaba á tratarse de esto con el mayor empeño, quando he aquí que inesperadamente me veo en la necesidad de pasar á la corte de Londres. Desde el punto que resolví mi viage á este destino resolví también hacer á mis compatriotas el servício de imprimir, y publicar una obra que aun quando no hubiese otras, sobraria para acreditar la superioridad de los talentos Americanos...”[14]

 

e. El honor criollo en juego

Es conocido que los españoles peninsulares despreciaban a los criollos.  Don Manuel Belgrano tuvo noticias de que

“...un Señor diputado Español Europeo, que en las cortes extaordinarias instaladas en la Isla de León de Cadiz se hizo distinguir con el arrojo escandaloso de preguntar, á qué clase de béstias pertenecían los Americanos, ó entre qué clase de ellas se les podía dar lugar. Al efecto deseado solicité luego una copia de la obra, y por fortuna hallé existir la que se tenia por más correcta, y de mejor letra en manos de un íntimo amigo mio, quien enterado de mi propósito me la franqueó al punto con la mejor voluntad. Por ella se ha hecho la presente impresión en carácter, y papel correspondiente al mérito de la obra; y teniendo todo el posible cuidado, para que salga., sinó absolutamente perfecta (lo que casi no es de esperar en pais donde la lengua Castellana es extranjera) al menos sin defecto substancial”.  [15]

 

En tiempos cuando se buscaba apoyo para la causa de la independencia, era preciso demostrar que los americanos éramos capaces de pensar con profundidad. Belgrano consideró que una forma de demostrarlo era dar a conocer a Lacunza.  Por eso se empeñó en difundir una edición correcta de una obra altamente conceptuada tanto en Europa cuanto en América.

 

¿Cómo sabemos que Belgrano fue el editor?

Puesto que el prefacio al que hicimos referencia no está firmado, es imprescindible demostrar que el editor de La Venida... realizada en Londres en 1816, fue Manuel Belgrano. Lo haremos presentando cinco fuentes y opiniones:

 

  1. Dos cartas de Fray Cayetano Rodríguez.[16]

 

Fray Cayetano José Rodríguez (1761-1823) dirigió dos cartas al futuro congresal y obispo, el presbítero José Agustín Molina, que son muy importantes para nuestra tesis.  Una con fecha del 15 de enero de 1815 en donde expresa:

”’Dile a Moure, que Belgrano ha caminado a Londres [había partido el 28 de diciembre de 1814]; lleva consigo la obra del milenario del P. Guera (sic) para hacerla imprimir. Este es tiro hecho’”.[17]

En la segunda, fechada el 10 de abril de 1820, le informa que el padre Isidoro C. Guerra está desahuciado y al mencionarle algunos de los cargos que desempeñó, agrega:

“’Con Belgrano trabajó por la edición y difusión de la afamada obra La Venida del Mesías en Gloria y Majestad. Londres 1816’”.. [18]

 

      2. El testimonio de Juan Ignacio de Gorriti.[19]

Mientras Gorriti (1770-1842) ejercía el pastorado en un pueblecito de Cochabamba (Bolivia), para superar la soledad y la añoranza de los suyos y de su terruño, escribió una obra que tituló: Reflexiones sobre las causas morales de las convulsiones internas en los nuevos estados americanos, y examen de los medios eficaces para reprimirlas.  Fue publicada por primera vez por la imprenta del Mercurio de Valparaíso, Chile, en 1836.

En el parágrafo 24, titulado: “De las otras ciencias que deben adornar a los que aspiran al estado eclesiástico”, elogia y recomienda la obra de Lacunza con estas palabras: “Para fortificarse contra las dudas y temores de que acabo de hablar, aconsejo al joven eclesiástico que lea y haga un estudio formal de la obra del incomparable americano Lacunza, honra no solo de Chile que fué su patria, sino de todo nuestro continente: titulada Segunda venida del Mesías en gloria y majestad, por Juan Benjamín Aben Esra, impresas en Londres á expensas del general Don Manuel Belgrano”. [20]

 

3. La opinión de Pablo Besson [21]

Don Pablo Besson (1848-1932), en un artículo referido a manuscritos y versiones bíblicas se ocupó de “Manuel Belgrano, editor de un comentario del Apocalipsis” en donde expresó:

“Sin hablar de las relaciones [de Belgrano] con Muñoz, con Chorrarin, director de la Biblioteca nacional, con el cura Oriental, Damaso Larrañaga, sabemos que no fue Manuel Moreno, más bien Manuel Belgrano que recibió de la Junta la orden de Trasladarse a la Corte de Londres para negociar diplomáticamente el reconocimiento de la Independencia argentina. El 28 de diciembre 1814 con Rivadavia se embarcó, y no regresó antes del 15 de Noviembre de 1815”.[22]

Besson  toma la referencia a la misión diplomática expresada en “El editor a los americanos” y concluye, lógicamente, que el editor fue Belgrano.

 

4.Alfred Felix Vaucher.

Por otra parte, el más profundo estudioso de Lacunza, el Dr. Alfred-Felix Vaucher (1887-1993), hace una especie de plebiscito entre quienes opinaron acerca del ignoto editor y concluye diciendo:

 

“En fin la plupart des sufragues vont à Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano (1770-1820), general argentin envoyé à Londres en qualité de plénipontentiaire en 1815”. [23]

 

5. Las conclusiones del padre Rubén C. González.

Este prestigioso estudioso, de la Orden de los Predicadores expresa que: “Como el nombre de Manuel Belgrano, ni otro alguno, figura en esta obra refiriéndose a quienes iniciaron y costearon la edición, ha dado lugar a cierto confucionismo (sic) que debe ser dilucidado a la luz de testimonios externos que vienen a confirmar los internos”. [24]

 

González analiza las tesis que otorgan el mérito de la edición de 1816 a otras personas. Una de esas tesis, sostenida por José Toribio Medina, se inclina por el Dr. Manuel Moreno (1781-1857)[25], hermano de Mariano.  Fue un personaje de actuación muy discutida.  Fue el primer profesor de química experimental de la Universidad de Buenos Aires (1823), pero la mayor parte de sus servicios los prestó en la diplomacia.  Justamente González demuestra que don Manuel Moreno estaba en Buenos Aires a principios de 1815 y que ese mismo año fue desterrado a los Estados Unidos de Norteamérica de donde regresó en 1821.

 

Por otra parte, D. Cayetano Caballero Infante,, abogado de Jerez de la Frontera, Menéndez y Pelayo y F. H. Rausch sostienen que el editor fue el poeta e historiador español, José Joaquín de Mora (1783-1864)[26].  El padre González demuestra que José Joaquín de Mora residió en Londres antes de 1814, luego en 1823, en 1828, entre 1838-1839 y, finalmente, entre 1856-1858.  Por lo tanto no estuvo entre 1815 y 1816, cuando se realizó la impresión en cuestión. [27]

 

Si bien no hay pruebas contundentes, las evidencias aportadas conducen a aceptar que D. Manuel Belgrano fue el editor de La Venida del Mesías..., edición de Londres de 1816.

El trabajo le fue encomendado al impresor Carlos Wood.

Belgrano fue llamado por el nuevo gobierno surgido de la sublevación de Fontezuelas 3 de abril de 1815), encabezado por el brigadier Ignacio Álvarez Thomas. Partió de Londres el 15 de noviembre  de 1815 y arribó a Buenos Aires en febrero del año siguiente.


 

La edición belgraniana en Buenos Aires

 

Indudablemente, ¡era tal la expectativa que despertó la posibilidad de tener una buena versión de La Venida..., que, para bajar los índices de ansiedad se iba anunciando por la prensa cómo andaba el proceso.  Así La Prensa Argentina, daba la noticia de que el preciado libro llegaría “antes de tres meses”. [28]

 

Finalmente, el arribo se produjo. Así lo informó El Censor en su edición del 23 de enero de 1817.

Consta de cuatro volúmenes in-4, de 24 x 15 cms.  Se empleó buen papel y tipografía. Fue encuadernada, originalmente, con tapas flexibles de cartón entelado.  Se imprimieron 1.500 ejemplares de los que Wood retuvo cuatro; por lo tanto, en 1817, llegaron a Buenos Aires 1.496.  Los cuatro volúmenes suman 1.937 páginas.  Esto explica porqué esta edición es tan difícil encontrarla en Europa y relativamente accesible en América.[29]

 

Belgrano y, probablemente, sus asociados, revisaron la edición y al advertir que se habían deslizado algunos errores, redactaron una fe de erratas para enmendarlos.  Fueron tres páginas que hicieron imprimir en la imprenta de M. J. Gandarillas y socios, y las agregaron al principio del tomo I.[30]

Acerca del valor de esta edición el Padre Guillermo Furlong expresa lo siguiente: “Según parece es esta edición la más fidedigna pues está a base de una de las copias manuscritas que poseyó el Padre González Carvajal, amanuense e íntimo amigo del Padre Lacunza”. [31]

 

Por otra parte el erudito chileno Rafael Urzúa se expresó así en relación con esta edición:

 “La venida del Mesías en gloria y majestad [...]; obra que su autor dejó inédita, pero que ha tenido muchas ediciones, algunas de ellas muy incorrectas, y algunas verdaderamente exactas. A las primeras pertenecen la que se hizo en Cádiz en 1813, sólo en dos volúmenes, muy incompleta, y la de Méjico de 1825, en cinco volúmenes. Las segundas son: las dos hechas en Londres, de las cuales la una en 1816, en cuatro volúmenes en 4°, a expensas del ministro argentino, general Belgrano, y la segunda en 1826, en tres volúmenes, con retrato del autor, por Ackkermann. Las dos ediciones son completamente correctas y muy semejantes, menos algunas mejoras accesorias de la segunda, y por lo que respecta a la primera, podemos asegurar que, habiéndola comparado con una copia manuscrita, revisada y aprobada por el autor, no discrepa ni en las comas la una de la otra”. [32]

           

Sin lugar a dudas la edición belgraniana de la obra de Lacunza fue una gran contribución para el acervo bibliográfico universal.

 

Conclusión

 

            De lo expuesto surge que Don Manuel Belgrano, aunque no se conoció personalmente con Don Manuel Lacunza y Díaz, sí conoció su obra más importante y al  editarla hizo una notable contribución, no sólo a la cultura rioplatense, sino para revalorar una doctrina fundamental del cristianismo: LA SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR JESCRISTO EN GLORIA Y MAGESTAD para restaurar tanto el ecosistema como al hombre a su perfección original y como única solución para los problemas que el hombre, en ejercicio de su libre albedrío, provocó en su soberbia por ser autónomo y emanciparse de la conducción amorosa de Dios.-

 


[1] Esta comunicación es la síntesis de una investigación becada por la Facultad de Humanidades, Educación y Ciencias Sociales, Universidad Adventista del Plata, durante el período 2000-2001, proyecto FHECIS, N° 19/2000, Acdo. CI 99-7. Se inserta en el área de historia del pensamiento filosófico argentino.

[2] Lic. en Historia (Universidad Nacional del Sur, Argentina), con estudios de posgrado en las Universidades Nacionales de La Plata y Córdoba. Ex Decano de la Facultad de Humanidades, Educación y Ciencias Sociales de la Universidad Adventista del Plata. Autor de dos libros, varios ensayos y trabajos científicos y de unos 150 artículos publicados en diarios y revistas de divulgación que circulan en Europa y América. Retirado de la docencia activa (2001) se desempeña como Presidente del Consejo de Redacción de la revista Enfoques e investigador independiente.

[3] Prefacio a Manuel Lacunza. La Venida del Mesías en Gloria y Majestad. Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 1969, pp. 15-18. Curiosamente, en el siglo XX, a partir de la década de los ’40 se advierte una vuelta a Lacunza. El caso más destacado fue Alfred-Félix Vaucher. Une célébrité oubliée: Le P. Manuel de Lacunza y Díaz (1731-1801). Collonges-sous-Salève; con una primera edición en 1941 y una nueva edición revisada en 1968. En la década de los ’80 y ’90 a través de varios importantes estudios: Juan Bulnes Aldunate. “Manuel Lacunza: Contenidos teológicos y filosóficos de su interpretación profética”, en Pablo Richard (editor). Raíces de la teología latinoamericana. Nuevos materiales para la historia de la teología. San José de Costa Rica: Cehila, 1985, pp. 97-117. Freddy Omar Parra Carrasco. “Pensamiento teológico en Chile. Contribución a su estudio. V. El reino que ha de venir: Historia y esperanza en la obra de Manuel Lacunza”.  Anales de la Facultad de Teología. Santiago de Chile: Pontificia Universidad Católica de Chile, 1993, vol. XLIV, pp.11-219. Es la tesis doctoral del autor. También: Jorge R. Seibold S.I. “La Sagrada Escritura y la independencia americana. El jesuita Lacunza y su milenarismo profético”. Stromata, N° 56 (2000), pp. 227-251.

[4] Recordemos la famosa frase de Chaneton acerca de la difusión de Lacunza: “Desde la Habana al Cabo de Hornos, no quedó villa americana de cierta importancia a donde no llegaron ejemplares del ‘milenario’ lacunziano”. V. “En torno de un ‘Papel anónimo del siglo XVIII’”. Publicaciones del Instituto de Investigaciones Históricas. N° XL , p.24.  Facultad de Filosofía y Letras (UBA),  Buenos Aires, 1928.

[5] V. Fray Reginaldo de la Cruz Saldaña Retamar. Los dominicos en la Independencia Argentina. Buenos Aires, 1920, pp.41-46.

[6] Hemos confirmado que ese manuscrito se encuentra en la Biblioteca del Convento de Santo Domingo de Buenos Aires. El padre Rubén González sugiere que esa copia “debió de ser hecha por el mismo amanuense de Lacunza, el P. Juan José González Carvajal y Vargas, chileno y ex jesuita como aquél o tomada directa y muy fielmente de alguna de las suyas”  (V. “Un ilustre editor de Lacunza: El General Manuel Belgrano [Londres, 1816]”. Criterio, N° 1228 [Buenos Aires, 27 de enero de 1955], p. 50. El artículo ocupa las páginas 50  a 52).

            [7] Este tema lo hemos estudiado en Juan Carlos Priora. “Don Francisco Hermógenes Ramos Mexía y el padre Manuel Lacunza y Díaz , s. j . : Coincidencias y Divergencias”. Libertador San Martín (Entre Ríos): Facultad de Humanidades, Educación y Ciencias Sociales, Universidad Adventista del Plata. Investigación inédita, 1999-2000, cap. III, p.85.

[8] Emilio A. Breda. “Bartolomé Muñoz, el poeta de la independencia”. Investigaciones y Ensayos. Buenos  Aires: Academia Nacional de la Historia, N° 16 (enero-junio 1974), pp.297-330. Breda no coincide con el juicio de Ricardo Rojas acerca de la poesía de Muñoz: “Sus poesías carecen, sin embargo, de todo valor” (Historia de la literatura  argentina. Buenos Aires: Editorial Kraft, 1957, V. IV: Los coloniales II, cap  XIV: Cantos de la epopeya americana, p. 614).

[9] Sábado 11 de junio de 1814.

[10] V. “Las ediciones castellanas del libro de Lacunza”. Estudios, Buenos Aires: Academia Literaria del Plata, T. XXXVI, año 17 (septiembre-diciembre, 1928), p. 145.

[11] Acerca de la práctica religiosa de Belgrano en cada una de las responsabilidades que le cupo desempeñar, desde su tiempo de estudiante hasta su muerte, V. J. Luis Trenti Rocamora. Las convicciones religiosas de los próceres argentinos. Buenos Aires: Editorial Huarpes, 1944, 81-111. El Gral. José María Paz, en sus Memorias, también destaca la religiosidad de Belgrano en medio de la guerra. V. Op. cit., T.I, pp. 41-42. Es muy conocida la recomendación que le hizo a San Martín, cuando éste lo reemplazó en el mando del Ejército del Norte (1814), acerca de la importancia de las prácticas religiosas (Carta de Belgrano a San Martín, fechada en Santiago del Estero del 6 de abril de 1814 [Epistolario Belgraniano]).

[12] V. Fotografía portada en Anexo documental.

[13] La Venida del Mesías en Gloria y Majestad. Londres: Imprenta de Carlos Wood, 1816, T.I, pp. ix-x. En la trascripción se ha respetado la grafía original.

[14] Ibid., pp. xi-xii.

[15] Loc. cit.

[16] Fray Cayetano Rodríguez nació en San Pedro, Provincia de Buenos Aires, en 1761. Profesó en la orden de San Francisco y enseñó en la Universidad de Córdoba.  En 1790 se trasladó a Buenos Aires.  Producidos los hechos del 25 de mayo de 1810, se identificó con los ideales de sus gestores y se convirtió en uno de los actores más dinámicos del proceso independentista.  Murió en 1823.

[17] Citada por Fray Reginaldo de la Cruz Saldaña Retamar. Op. cit. , p. 46.

[18] Ibid.

[19] Don Juan Ignacio nació en Jujuy en 1770. Desde 1782 hasta 1788 estudió en la Universidad de Córdoba. Se doctoró en teología en la de Chuquisaca. Desde 1810 y hasta 1831 sirvió activamente la causa de la independencia. Fue diputado por Jujuy en 1810; secretario de la Junta Grande, vicario del Ejército del Norte, gran colaborador  y amigo de Belgrano. Bendijo la bandera celeste y blanca el 25 de mayo de 1812 cuando Belgrano la presentó en el Cabildo de Jujuy con motivo del segundo aniversario de la Revolución. Fue diputado ante el Congreso Constituyente de 1824 y gobernador de Salta entre 1829 y 1831. En éste año se exilió en el Alto Perú. Nunca regresó, pues murió en Chuquisaca el 25 de mayo de 1842.

[20] Reflexiones... Buenos Aires: La Cultura Argentina, 1916, p. 282-283. Se advierte el error al escribir tanto el título de la obra de Lacunza  cuanto su seudónimo; probablemente estaba evocándolos de memoria.

[21] Fue un pastor primero reformado y luego bautista, que nació en Nod, Suiza el 4 de abril de 1848. Realizó los estudios primarios, secundarios en Neuchatel y los de teología en la famosa facultad de esa misma ciudad; luego los amplió en la Universidad de Leipzig. En 1881 llegó a Buenos Aires y por un año realizó una intensa labor pastoral y cívica en las colonias francesas del norte de Santa Fe. Fue un luchador infatigable por la creación del Registro Civil de las Personas, tanto en la provincia litoraleña cuanto en Buenos Aires en donde se radicó en 1882. Fue un fecundo y profundo escritor. El pastor Santiago Canclini recopiló su producción en dos tomos (V. Escritos de Pablo Besson. Dos tomos. Buenos Aires: Junta de Publicaciones de la Convención Evangélica Bautista, 1948, con prólogo del recopilador).

[22] Ibid., p.314. En la trascripción hemos respetado la sintaxis, puntuación y grafía original. Besson había publicado un trabajo similar en la revista La reforma de marzo de 1923.

[23] Op. cit., p.31.

[24] Op. cit., p.50.

[25] Manuel Moreno fue un personaje muy controvertido. Sobre su vida y pensamiento, V. Gustavo Ferrari. “Prólogo” a Manuel Moreno. Vida y Memorias de Mariano Moreno. Buenos Aires: Eudeba, 1968, pp. 7-10. Esta biografía y memorias las escribió en Londres en 1812. Recordemos que, junto con Tomás Guido y en calidad de secretario, acompañó a su infortunado hermano en el viaje a Inglaterra que se inició en Buenos Aires en la fragata inglesa La Fama el 24 de enero de 1811. Mariano falleció en alta mar el 4 de marzo. Tulio Halperín Donghi, presenta a Manuel Moreno como el introductor de las ciencias experimentales en la Universidad de Buenos Aires, junto con el italiano Pedro Carta Molina (físico) y Fabricio Mossotti (astrónomo y topógrafo); organizó el Depto. Topográfico de la Prov. de Bs.As. Moreno había estudiado medicina en la Universidad de Maryland (EE.UU.) V. Historia de la Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires: Eudeba, 1962, pp.43-44.

[26] Marcelino Menéndez y Pelayo. Op. cit., T.IV, p.  90,  n.p.p. 38. Alfred-Felix Vaucher. Opus cit., p. 31.

[27] Op. cit., p. 51.

[28] Número correspondiente al 7 de mayo de 1816, p.8.

[29] En 1995 en la Librería Fernández Blanco, Tucumán 712, Buenos Aires, encontramos los cuatro tomos de esta edición.  Al examinarla, advertimos que no había sido abierta.

[30] En el Anexo documental puede verse una reproducción de la portada de esta edición.

[31] “Las ediciones castellanas del libro de Lacunza” , ya citada,  p. 147.

[32] Las doctrinas del P. Manuel Lacunza contenidas en su obra La Venida del Mesías en gloria y majestad.  Santiago de Chile: Soc. Imprenta y Litografía Universo, 1917, pp. 6-7.


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