RAÍCES
ADVENTISTAS EN LA ARGENTINA

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Un pueblo
con un Libro: |
Ama La Biblia. |
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Un pueblo
con un Salvador: |
Ama al Señor Jesucristo. |
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Un pueblo
con una Esperanza: |
Aguarda su retorno. |
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Un pueblo
dedicado a la oración: |
Habla con Dios.
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Un pueblo
que ama la ley y el orden: |
Guarda los diez mandamientos. |
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Un pueblo
de principios: |
Sostiene normas elevadas. |
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Un pueblo
con un programa: |
Abarca el mundo entero.
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Un pueblo
con un corazón: |
Ayuda al necesitado.
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Un pueblo
con un pasado: |
La enseñanza apostólica.
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Un pueblo
con un futuro: |
El cielo es su hogar.
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Monumento Histórico
Nacional Argentino
Razón de ser del Nombre
Adventistas:
Porque creen en el pronto advenimiento del Señor Jesucristo
a la tierra, para establecer su reino eterno de justicia, paz y
amor. Los adventistas anhelan el regreso de Jesús porque lo consideran el único y suficiente Salvador de la humanidad.
Del
Séptimo Día: Porque si bien confían por fe en los méritos de
Cristo como exclusiva fuente de salvación, creen firmemente que esa fe en Dios
se manifestará en la feliz obediencia a su Decálogo de amor, los diez
Mandamientos; y no pasan por alto el mandamiento que prescribe la observancia
del séptimo día de la semana, el sábado, como día de reposo cristiano, tal
como lo hicieron el Señor Jesucristo, los apóstoles y la iglesia cristiana de
los primeros siglos.
Resurgimiento de verdades
olvidadas
La historia
secular y la historia del cristianismo confirman que a partir del siglo II de la
era cristiana, la iglesia comenzó a sufrir un proceso de secularización que se
inició con la helenización (introducción del pensamiento griego pagano) del
cristianismo y, consecuentemente, el abandono de algunas doctrinas cardinales.
Aunque el
período de gradual empobrecimiento del cristianismo se extendió por diecisiete
siglos, con excepción de algunos atisbos de recuperación durante la Reforma
del siglo XVI, siempre hubo cristianos que no se dejaron envolver por esa ola
secularizante. Ello posibilitó que
desde fines del siglo XVIII eclosionara, en distintas latitudes del planeta, un
movimiento que comenzó por restaurar una de las verdades centrales: La segunda
venida de Cristo, como epílogo feliz de la historia de la redención.
Precisamente,
tal como lo había previsto la presciencia divina según lo registrara el
profeta Daniel (caps. 8:14 y 9:24-27), debía suscitarse el renacimiento de
verdades fundamentales del cristianismo apostólico que habían quedado
sepultadas por siglos de filosofías humanas.
Ese
movimiento adventista agrupó a investigadores y divulgadores de envergadura en
casi todos los continentes. Se
mencionarán algunos. En primer lugar el sacerdote jesuita chileno Manuel
Lacunza y Díaz (1731-1801)
http://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Lacunza , autor de una formidable obra titulada
La venida del Mesías en gloria y majestad, concluída en 1790, pero cuya circulación
fragmentaria se rastrea a partir de 1785. ¡Fue tal el impacto que causó que
pronto se tradujo a varios idiomas! El
escocés Edward Irving (1792-1801), la tradujo al inglés. Otros adalides del resurgimiento adventista fueron: los anglicanos John
Hooper en Londres y Daniel Wilson (1778-
1858), obispo de Calcuta, en la India; Joseph Wolff (1795-1862), judío-alemán, divulgó la doctrina del
advenimiento en Palestina, Mesopotamia, Arabia, Egipto, Persia, Crimea, Georgia,
Turquía, Turquestán, Afgnistán, Cachemira, Etiopía,y en algunas ciudades de
Europa y América del Norte; el movimiento pietista sueco de 1842-1843; William Miller (1782-1849), bautista, fue uno de los grandes predicadores de la segunda
venida de Cristo en los Estados Unidos de Norteamérica; lo secundaron Charles
Fetch, presbiteriano de Cleveland, y Josías Litch, pastor metodista de
Filadelfia. A ellos se sumaron centenares de pastores y miembros de diversas
congregaciones, todos animados por la “esperanza bienaventurada” (Tito 2:13), según expresión de San Pablo.
(Fotos: Manuél Lacunza, William Miller - Guillermo)
La
envergadura del movimiento adventista quedó evidenciada por la cantidad y
calidad de escritores que se ocuparon de este tema entre 1800 y 1850: 62 autores
en Europa y 52 en América.
En Escocia,
se sabe que el adventista James A. Begg (1800-1868) comenzó a guardar el sábado
hacia 1832, y en los Estados Unidos de Norteamérica, Raquel Oakes (luego Sra.
de Preston) guardaba el sábado desde 1837 y aceptó la fe adventista hacia 1844. Detrás de ella se fueron enrolando numerosos adventistas del
séptimo día. Las iglesias
adventistas del séptimo día del estado de Michigan (EE.UU) se agruparon en una
asociación en 1861. En 1863, los delegados de los 3.500 adventistas del séptimo
día, reunidos en Battle Creek, Michigan, organizaron la conducción mundial del
movimiento. (Foto: Raquel Oakes de Preston)
Un
papel importante en el desarrollo de esta iglesia naciente tuvo ELENA GOULD
HARMON nacida en Gorham, Maine, Estados Unidos, el 26 de noviembre de 1827.
En diciembre de 1844, Dios le da a Elena la primera de unas casi 2000 visiones y
sueños. En agosto de 1846 se casó con Jaime White, un ministro adventista
de 25 años que compartió la convicción que ella había sido invitada por Dios a
ser una profeta. Poco después de que se casaron, Jaime y Elena
comenzaron a guardar el sábado como séptimo día, conforme al cuarto mandamiento.
Elena de White fue una escritora prolífera, comenzando en 1851 cuando publica su
primer libro.
Elena
de White murió el 16 de julio de 1915. Por 70 años presentó fielmente los
mensajes que Dios le dio. Nunca fue elegida para ocupar un cargo en esta
iglesia, aunque los líderes de la misma siempre buscaron su consejo.
Asistió a la escuela sólo hasta los 9 años, pero sus mensajes pusieron en marcha
las fuerzas que dieron a luz el sistema educativo mundial de la Iglesia
Adventista, considerado el segundo privado más grande del mundo, desde
guarderías hasta universidades.
Aunque no tenía ningún entrenamiento médico, el fruto de su ministerio puede
verse en la red de hospitales,
clínicas y dispensarios adventistas que se encuentran alrededor del mundo. Y
aunque no fue formalmente ordenada como ministro del evangelio (pastora),
provocó un impacto espiritual casi sin paralelo en las vidas de millones, desde
un extremo de la tierra hasta el otro.
Más sobre sus libros y para
lecturas on line
Raíces Argentinas


El
movimiento adventista, notablemente agitado por la circulación de la obra del
padre Lacunza
La venida del Mesías en gloria y
majestad, tuvo amplia repercusión en toda la América Latina, desde la
Habana hasta el Cabo de Hornos. En
el Río de la Plata admiraron al jesuita chileno: Ambrosio y Deán
Gregorio Funes en Córdoba;
el canónigo Juan Ignacio de Gorriti
en Salta; el Pbro. Dr.
Pedro Ignacio de
Castro Barros, riojano;
Domingo Faustino Sarmiento, sanjuanino;
el Dr. Manuel
Belgrano, porteño, tuvo tanto entusiasmo por la obra que, con la colaboración de algunos amigos, financió una fina edición,
en cuatro tomos, que se imprimió en Londres en 1816.
(Fotos: G Funes, P Castro Barros, D F Sarmiento)
En
1812, a despecho de las prohibiciones anteriores, La venida
del Mesías en gloria y majestad fue publicada póstumamente
en Cádiz bajo el pseudónimo judío de Juan Josafat Ben-Ezra.
En Londres se realizó otra edición en castellano en 1816, la
cual fue financiada por el general argentino
Manuel Belgrano (creador de la Bandera Argentina - ver en
wikipedia
Manuel Belgrano) . El libro fue denunciado aquel mismo año
ante tribunales españoles y a la Sagrada Congregación del
Índice, siendo incluido en
Index Librorum Prohibitorum de la
Inquisición el 15 de enero de 1819.
(FOTO de Manuel Belgrano)
En el actual
territorio argentino, además de los nombrados, hubo muchos que se interesaron
en el tema. Entre ellos se destaca Don Francisco Hermógenes Ramos Mejía
(o Mexía)(FOTO: 1773-1828), poderoso hacendado, hombre público
de los albores de la nacionalidad, con
una sólida formación teológica, no sólo leyó la obra de Lacunza, sino que
la copió de un manuscrito
perteneciente al padre Isidoro Celestino Guerra, la anotó y también supo
discrepar con muchas de las posiciones del autor. Ese ilustre
patricio argentino, además de creer en el segundo advenimiento de Cristo, fue
respetuoso de los diez mandamientos, inclusive del que prescribe la observancia
del séptimo día de la semana, el sábado, como día de reposo cristiano, tal
como lo hicieran el Señor Jesucristo, los apóstoles y la iglesia cristiana
primitiva. VEA el libro de
Juan C. Priora sobre Ramos Mejía
Don
Francisco Ramos Mejía (o Mexía) mantuvo esa práctica en sus establecimientos de campo
hasta su muerte, tanto en la
estancia Miraflores (partido de Maipú, Prov. de Buenos Aires) de 160.000 hectáreas, cuanto en la chacra Los Tapiales (partido
de La Matanza, Gran Buenos Aires) de unas 6.000 hectáreas, en donde murió.
La Casona de Los Tapiales (Ver
FOTO tridimencional),
ubicada dentro del terreno del Mercado Central Frutihortícola de Buenos Aires).
Por tanto,
no cabe duda de que Ramos Mejía (o Mexía) fue el primer prócer
con una fe similar a la de los Adventistas del Séptimo Día
de los tiempos contemporáneos (a partir de la Revolución Francesa). O sea que fue el primero en restaurar dos verdades cardinales de la
doctrina cristiana. La segunda venida de Cristo y la observancia del reposo sabático.
MAS INFORMACIÓN sobre Ramos Mejía, VER AQUI -
Fotos satelitales
En la
Argentina, después de la muerte de Don Francisco Ramos Mejía (o
Mexía), no se ha podido
documentar hasta cuándo se continuó con la práctica de la observancia del sábado.
Restauración hacia fines del
siglo XIX
En la
Provincia de Santa Fe:
Se retoma el
hilo de la observancia del sábado en Felicia, cerca de Esperanza, en torno del
año 1885, cuando algunas familias suizo-francesas (Dupertuis, Arn, Dobantón,
Pidoux, etc.), pertenecientes a la iglesia bautista, comenzaron a observar el sábado
y pronto aceptaron la fe adventista del séptimo día por la lectura de
publicaciones procedentes de Europa. Algo similar
ocurrió hacia 1886 cuando un inmigrante
italiano, don Pedro Peverini, residente en Las Garzas, conoció la fe adventista
del séptimo día como resultado de leer publicaciones que recibió desde Torre
Pellice, valles valdenses del Piamonte (Italia), fe que abrazó hacia 1889.
El fue el tronco de una numerosa familia de adventistas.
En la
Provincia de Entre Ríos:
Un tercer
grupo de adventistas surgió en los departamentos de Diamante y Paraná.
La zona estaba siendo colonizada por inmigrantes provenientes de Rusia,
pero de ascendencia alemana. Estos
colonizadores lograron rescatar para la agricultura y la ganadería las tierras
todavía en estado natural. (Foto: típico campo entrerriano y su árbol de ombú)
Los
inmigrantes alemanes del Volga comenzaron a llegar en enero de 1878, siendo
aproximadamente el 60% católicos y el 40% protestantes. Ambos grupos eran particularmente fervientes en sus prácticas
religiosas. Entre ellos,
merecen destacarse Don Jorge Riffel y su esposa, que regresaron a los fértiles
campos entrerrianos a principios de 1890. En
realidad se habían trasladado a Entre Ríos, por primera vez, en 1880.
Después de sufrir varias invasiones de langostas, la familia decidió
probar suerte con sus paisanos que habían emigrado directamente a los Estados
Unidos de Norteamérica. Mientras
estaban en Tampa, Kansas, conocieron y aceptaron la esperanza adventista.
Entonces decidieron que debían compartir su nueva fe con los compatriotas y
amigos que habían dejado en Entre Ríos. A fines de 1889 los Riffel emprendieron el viaje de regreso. Pero no lo hicieron solos. Se
unieron a ellos los matrimonios formados por Osvaldo Frick y Eva C.L. de Frick, Augusto Yanke y su esposa; Adán Zimmermann con su esposa Eva y sus hijas Lidia
y María. En el puerto de Diamante
se encontraron, providencialmente, con el Sr. Reinhardt Hetze, un alemán que había llegado hacía un tiempo de
Rusia, quien invitó a los recién arribados y los llevó en carro hasta su casa
para que pasaran la noche. Durante
el viaje Riffel le explicó con fervor el mensaje de la Biblia que había
descubierto; al día siguiente Hetze observó por primera vez el sábado como día
del Señor.
A partir de
ese grupo inicial, los adventistas se multiplicaron y fortalecieron en esta
provincia. Esas cuchillas onduladas
se convirtieron pronto en el escenario de un dinámico centro adventista, donde
personas con ideas e iniciativa impulsaban el crecimiento del pujante movimiento
religioso, al cual se añadían más y más familias. Esto explica el nacimiento
en 1898 de el colegio y en 1908 de un sanatorio en el paraje que primero se llamó
Camarero, luego Puiggari y actualmente Libertador San Martín.
El primer pastor
Adventista
Una segunda
etapa del crecimiento adventista argentino se inicia con la demanda de los
creyentes santafecinos y entrerrianos de un pastor o ministro consagrado. Había que organizar iglesias y bautizar a los nuevos
creyentes.

Primeramente,
a manera de avanzada, en diciembre de 1891 llegaron tres misioneros que distribuían
impresos adventistas,
los colportores norteamericanos Elwin W. Snyder, Albert B. Stauffer (Foto derecha de Albert Stauffer)
y Clair A. Nowlin. Después de
muchas solicitudes, finalmente llegó a Buenos Aires (agosto de 1894) el primer
pastor adventista para radicarse en la Argentina. Procedía de los Estados Unidos de Norteamérica y era de
orígen alemán. Se trataba de don Francisco H. Westphal.
(Foto izquierda de Frank
Westphal)
Resulta
imposible omitir en esta reseña las condiciones favorables que Entre Ríos
ofrecía a todos sus habitantes y particularmente al grupo adventista. No sólo “paz y concordia”, según el lema del gobierno, sino que
también se caracterizaba por otorgar a su pueblo completa libertad de culto.
Los miembros de las diversas comunidades religiosas tenían plena libertad para
rendir culto a Dios según los dictados de sus conciencias.
Podían erigir templos y capillas bajo la protección de las leyes. La
libertad religiosa y de enseñanza estaban aseguradas por la Constitución
Provincial.
Ahora bien,
cuando el pastor Westphal llegó, después de ubicar a su familia en Buenos
Aires, decidió viajar a Entre Ríos en donde estaban los adventistas alemanes. Arribó al puerto de Diamante (en aquel entonces el viaje se
realizaba remontando el río Paraná) a medianoche, sufriendo el chasco de que
no había quién lo esperara. La
carta que remitiera anunciando su llegada no había llegado a manos de los
creyentes. Un hospitalario colono
le ofreció pasar la noche en su modesta vivienda. Allí compartió la cocina de la casa con algunos animales domésticos y
muchos insectos que habitaban en el cuero de oveja que le proveyeron para
protegerse del frío. A la mañana
siguiente fue llevado en carro “ruso” hasta donde vivían los Riffel, en las
proximidades de Crespo. Halló a las cuatro familias que habían llegado en 1890
y a otras más que habían aceptado la misma fe por influencia de aquellas.
(Foto: Carro tipo ruso con el que llegaron los pioneros adventistas)
Los hermanos
los recibieron bondadosa y alegremente. Pronto corrió la voz de la presencia
del predicador y numerosos creyentes y vecinos afluyeron hacia la casa de los
Riffel para escucharlo. El pastor
Westphal estaba engripado, pero esa noche les predicó el mensaje de la Biblia
con fervor por varias horas, hasta pasada la medianoche, a pedido de los
sedientos asistentes. Muchas
personas aceptaron las enseñanzas bíblicas presentadas por el predicador. Las reuniones se repitieron todas las noches e iba creciendo el número
de los interesados en el evangelio eterno. A
pesar de estar enfermo el pastor predicaba entre dos y cuatro sermones
por día. El resto del tiempo
visitaba a las familias y estudiaba las Escrituras de casa en casa.
Las primeras escuelas
En
el año 1893, el
colportor
R. B. Craig
(foto der.)
y su esposa llegaron a la Argentina para
organizar un depósito de literatura adventista y fomentar su distribución. Un
observador podría decir que eran simples vendedores de libros, pero encerraban
en sus corazones un amor muy especial hacia la educación cristiana de los niños.
En su
viaje conocieron a la joven inglesa Ethel Tlircadgold, quién aceptó la fe
Adventista y acompañó a la familia Craig a su casa.
Ese
mismo año, los esposos Craig, abrieron una escuela para niños de corta edad en
su propia casa, situada próxima a la estación Solá del Ferrocarril General Roca,
en la parte sur de la ciudad de Buenos Aires, y sobre la actual calle Australia
Nº 2757, del Barrio de Barracas.
(Foto: Edificio aun conservado en 2003)
En
el año 1894, el Pastor Francisco Westphal, de los Estados Unidos y su familia
fueron invitados por los dirigentes mundiales de dicha Iglesia, la Asociación
General de los Adventistas del Séptimo Día, para trabajar como el primer
ministro adventista ya que eran muchas las personas que profesaban este credo en
Argentina y Brasil careciendo de un Pastor ordenado oficialmente.
Fue en agosto del mismo año cuando el Pastor Francisco Westphal, junto a
su esposa, su hijo Carlos y su beba Helen, arribaron a la ciudad de La Plata.
Allí los estaba esperando el hermano R. B. Craig quién ya hacía un año estaba en
la Argentina.
Como la
escuela había crecido y los esposos Craig debían regresar a los Estados Unidos,
la escuela se trasladó a una habitación de la casa de los esposos Westphal, que
para ese entonces, también vivía en Buenos Aires, posiblemente por la zona de
Palermo.
En
1898 los adventistas se reunían en la zona de Crespo Campo para analizar el
panorama de la obra adventista en Argentina. Estaba presente el Pastor Francisco
Westphal, misionero llegado a estas tierras del Plata. El año pintaba
sombrío. Las cosechas se habían visto reducidas los últimos años
significativamente por la acción de la langosta y los campesinos estaban con
dificultades. Y si bien existía el deseo de tener un colegio parecía difícil y
no se había tratado aún. Sin embargo, el 26 de septiembre, cuando
estaba a punto de finalizar este encuentro aconteció un hecho significativo:
Llegó a Crespo Campo Luís Ernst, un joven uruguayo que llegaba a estudiar al
"Colegio Adventista", una institución aún inexistente. Ese día los
pioneros decidieron que había llegado el momento de mirar el futuro más allá de
las peripecias de ese fin de siglo para con fe ver una institución donde no
había nada. (Foto: Luís Ernst)
La
reunión de los adventistas de Crespo terminó con marcado gozo: Se había decidido
fundar un colegio. El joven Ernst acompañó un tiempo al Pr. Westphal en su
tarea pastoral durante algún tiempo hasta que se terminó de instalar el primer
edificio educativo. A cambio recibía clases de gramática y teología y supo
ser un buen alumno. La escuela inició sus actividades en Las Tunas (SantaFe)
donde se había establecido una comunidad adventista, hasta tanto se construyeran
los edificios en Entre Ríos. Allí el primer maestro fue Nelson Town y con
el tiempo el colegio se trasladó finalmente a la zona de Camarero en terrenos
cedidos por la familia Lust, llegando a ser la actual Universidad Adventista del
Plata. (Foto: Primeras aulas UAP en 1908)
VEA MAS SOBRE LA HISTORIA DE LA EDUCACION
La primera iglesia organizada
Transcurridas
solamente dos semanas, el 9 de septiembre de 1894, Westphal organizó
formalmente una iglesia con 36 miembros, en la zona rural de Crespo. Esta fue la
primera iglesia adventista del séptimo día en la Argentina y también en Sudamérica. Los católicos y protestantes de los alrededores, acostumbrados a
observar el domingo como día de reposo religioso, no vieron con buenos ojos
esta verdadera innovación en las prácticas del culto cristiano: la observancia
del séptimo día de la semana, el sábado, tal como lo prescriben el Antiguo y
el Nuevo Testamento de la Santa Biblia. Además,
estos cristianos adventistas no fumaban ni consumían bebidas alcohólicas,
tampoco carne de cerdo. No
obstante, los veían como personas muy trabajadoras, amables y confiables. La libertad religiosa imperante hizo que convivieran en paz y armonía,
tolerando las diferencias y prestándose ayuda mutua, como sucedió con motivo
de la construcción del primer edificio del colegio Camarero (posteriormente
Adventista del Plata), en las postrimerías del siglo XIX y los albores del XX.
(Foto: al centro Pr. Westphal)
Desarrollo inmediato
Luego de la
fundación de la primera iglesia, la expansión adventista en la Argentina fue
constante. Todavía en 1894, desde
Crespo el pastor Westphal fue a San Cristóbal, provincia de Santa Fe, donde los
primeros misioneros adventistas habían sembrado la comarca, dos o tres años
antes, con publicaciones. Después
de permanecer allí sólo dos semanas y de bautizar a casi todos los miembros de
la numerosa familia de don Guillermo Mangold, organizó una iglesia con diez
miembros. Fue la segunda iglesia
adventista del séptimo día en el país.
De San Cristóbal
el pastor Westphal regresó a Buenos Aires a fines de enero o durante los
primeros días de febrero de 1895. También allí algunos misioneros habían
preparado el terreno por medio de impresos que contenían las verdades bíblicas
olvidadas, de manera que el pastor pudo organizar otra iglesia, la tercera en la
Argentina, con unos doce miembros.
A partir de
aquellas primeras familias, se fue multiplicando el número de creyentes
adventistas en la República Argentina, hasta constituir una pujante iglesia
cristiana. Cada año nuevas congregaciones se fueron organizando, de
manera que actualmente desde Jujuy y Misiones hasta Tierra del Fuego, en el
territorio nacional hay miles de fieles que anhelan de corazón encontrarse con
el Redentor en su segunda venida.
En el siglo
XX
Las
siguientes pinceladas pueden dar una idea del desarrollo del movimiento
adventista en la Argentina durante el presente siglo.
Los pequeños
grupos de Adventistas del Séptimo Día de las provincias de Santa Fe y Entre Ríos
experimentaron un notable crecimiento, de tal forma que hacia 1900 se habían
organizado en el país once iglesias y cuatro congregaciones, totalizando 367
miembros activos. Trece misioneros
de dedicación exclusiva atendían las necesidades espirituales de esa feligresía
y continuaban la expansión.
La primera
Asociación
En octubre
de 1901 la Iglesia Adventista Argentina alcanzó la “mayoría de edad”,
pues, por el número de feligreses y por su capacidad financiera, fue declarada
Asociación, con el nombre de Asociación del Río de la Plata.
La Misión del Alto Paraná
Durante el
primer decenio del siglo XX, la Iglesia Adventista duplicó generosamente su
feligresía. También el número de
templos e iglesias. No es de extrañar,
entonces, que en 1906 se haya entendido necesario crear la Misión del Alto
Paraná, con parte del territorio de la Asociación del Río de la Plata.
Esta nueva
división administrativa abarcaba la provincia de Corrientes y los entonces
territorios nacionales de Misiones, Chaco y Formosa.
La Unión Austral
- Epoca actual
En 1915 había
1.350 miembros activos de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en la
Argentina. En importantes sesiones administrativas que se realizaron en
la ciudad de La Plata en febrero de 1916, se organizó la Unión Austral de la
Iglesia Adventista, distrito eclesiástico que abarca Argentina, Chile, Paraguay
y Uruguay, lo que representaba una mayor autonomía y un nivel más elevado de
gestión. La sede administrativa se
estableció en Buenos Aires.
Posteriores reorganizaciones se efectuaron de acuerdo con las necesidades
y el crecimiento de la iglesia. En
1921 la Asociación Argentina debió fragmentarse en diversas Asociaciones y Misiones, lo que pone de manifiesto el notable desarrollo del movimiento.
Legalmente,
la Asociación Argentina de los Adventistas del Séptimo Día se organizó en
1939 cuando se le otorgó la personería jurídica bajo el número 47.391.
Las estadísticas
revelan el crecimiento de la Iglesia en el primer medio siglo en la Argentina:
las 11 iglesias de 1900 pasaron a ser 67; de 31 escuelas sabáticas (grupos de
personas que se reúnen los sábados para estudiar sistemáticamente las Sagradas
Escrituras), pasaron a 168 con 7.008 miembros; los misioneros de dedicación
exclusiva, de 13 en 1900 se elevaron a 250 en 1950. En cada decenio se observa un señalado crecimiento en relación con el
anterior. En la octava
década de nuestro siglo, la Iglesia Adventista en la Argentina ya había llegado a
todas las regiones del territorio.
Los
datos estadísticos correspondientes al año 2000 señalan que las iglesias
organizadas eran 484 y 283 congregaciones. Las
instituciones de la Iglesia Adventista se habían multiplicado con correr de los
años, como también la cantidad de miembros activos: 90.000. Había 6 sanatorios con buena capacidad de internación,
77 escuelas primarias, 15 colegios secundarios, 5 colegios para pupilos y una
universidad, un centro de comunicaciones,
una fábrica de alimentos con sucursales y una Casa Editora. A estas instituciones se agregaba una cadena de restaurantes
con dieta ovo-lacto-vegetariana, que tienen la misión de colaborar en la
formación de hábitos que contribuyan a promover la salud de la población. Es que esta iglesia, emulando el ejemplo y el mandato del Señor
Jesucristo, de quien los Evangelios dicen que “recorrió todas las ciudades y
las aldeas, enseñando, predicando y sanando toda enfermedad” (San Mateo
9:35), entiende que su misión es servir al prójimo, es decir, a la humanidad,
sin discriminación alguna y atendiendo todas áreas de la persona: espiritual,
física, psíquica y social. (FOTO: Actual sede en Buenos Aires, frente a la
Autopista Panamericana)
Asimismo,
extiende la asistencia social a todas las provincias argentinas, por medio de su
importantísimo departamento de promoción y desarrollo denominado ADRA
(Agencia Adventista para el Desarrollo de Recursos Asistenciales). Además, la
Iglesia Adventista cada año conduce centenares de programas de ayuda
comunitaria, planes de desintoxicación tabáquica, alcohólica y para la
liberación de toda otra quimiodependencia, cursos de estilo de vida saludable,
de nutrición, de aconsejamiento matrimonial y familiar, etc.
De esta
manera, la Iglesia Adventista del Séptimo Día de la Argentina se une a sus
hermanos de todo el mundo (su presencia se registra en el 86% del total de los
países) para ofrecer no sólo una esperanza de felicidad futura, sino también
una propuesta para disfrutar hoy y aquí de una mejor calidad de vida.
Bibliografía:
Texto extraído de un folleto publicado en 1994, por la Unión Austral de los
Adventistas del Séptimo Día, con motivo del 100º Aniversario de la primera
Iglesia Adventista (Crespo campo - Entre Ríos) en Argentina y cuyo título fue
"Raíces Adventistas en la Argentina".
Autores: Néstor Abel Alberro Peverini, Juan Carlos Priora y Darío Mariano
Bruno.
VEA:
Los
Adventistas en las Islas Malvinas o Falklans
VEA:
historia por fecha en otra
web AQUI
|
 HISTORIAS
DE TEMPLOS ADVENTISTAS en BUENOS AIRES
vea aquí |
|
LEA SOBRE LOS
ADVENTISTAS - Opiniones Independientes
Sobre el prócer Argentino Francisco Hermógenes Ramos Mejía.
Considerado el primer Adventista de la historia Argentina, con
el apoyo
de Manuel Belgrano. Trabajo de investigación del Dr. Cesar Ciriani Cernadas. UBA, 1999.
Sobre los Adventistas radicados en Libertador San Martín -
ex Puiggari - Entre
Ríos - Argentina.
Trabajo
de Investigación realizado por el Lic.
Fabián Flores (año 2002) – Estudiante de Postgrado – Universidad de Luján
- Buenos Aires - Argentina
Sobre los Adventistas según investigación de la NATIONAL GEOGRAPHIC,
Artículo "Los Secretos de una Larga Vida",
por: Dan
Buettner y
fotografía de David Mclain. Noviembre, 2005
Carlos
Roa. Arquero del Seleccionado Argentino en el Mundial Francia
1998. Sus testimonios. Carlos Roa opina y
comparte su pensamiento y filosofía cristiana, a través de la prensa,
respecto de sus simpatías y práctica de la fe Adventista del Séptimo
Día, iglesia de la que fuese miembro y amigo, durante muchos años.
Carlos
Ischia - Director Técnico de Boca 2009 - opina sobre los adventistas
"Hoy no tengo casi tiempo, pero trato de ir todos los domingos a la
iglesia Don Bosco. Y fijate que yo soy católico y mi pareja, Marien, es
Adventista del Séptimo Día, que son de leer mucho la Biblia y la saben
mejor que nosotros."
U.S.
News & World Report presenta: “10 hábitos de salud que le
ayudaran a vivir hasta los 100”. En el punto
número 8, el consejo es: “Viva como un Adventista del Séptimo Día”.
Ellos destacan el estilo de alimentación y también el hecho de que
los Adventistas están focalizados en la familia y en la comunidad.
(ARTICULO EN INGLES) |