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17
de Diciembre, 2007
Unidas por las escuelas de frontera - Diario La Nación, 17 de diciembre, 2007, pag. 19
http://buscador.lanacion.com.ar/Nota.asp?nota_id=971849&high=Mirna
Mirna y Anita, madre e hija, trabajan desde hace 13 años para llevar ayuda a parajes olvidados
No las preocupa el calor, no
piensan que es domingo y parecen no tener conciencia del paso del reloj. La
pasión con la que trabajan Anita y Mirna
Cesario hace que olviden cualquier contrariedad.
Desde hace 13 años, recolectan ropa, juguetes, útiles, libros y muchas más cosas
que reparten ellas mismas en las escuelas de frontera más olvidadas de nuestra
geografía argentina. Aunque se ocupan ellas dos de esta titánica obra, las
respalda la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales (ADRA).
Todo pasa por sus manos:
acondicionan y embalan lo que reciben con una precisión obsesiva. Los envíos son
tan personalizados que antes de viajar conocen a cada chico como si fuera de su
familia. "Lo único que llevamos de más son juguetes y zapatillas. ¡Siempre
parece poco!", coinciden. FOTO: Pagina completa, Diario La Nación
También son ellas las que acompañan a los envíos y las que los entregan, en
mano, a los lejanos destinatarios. Esta tarea les insume, muchas veces, varias
horas de viaje a lomo de burro o de mulas por caminos de cornisa. Preparan dos o
tres viajes por año y ya llevan entregadas unas 500 toneladas de mercaderías
para 6200 chicos -más hermanos y padres- de 51 escuelas.
Anita
tiene 77 años y Mirna, acaba de estrenar sus
50. Viven en Boulogne. Una década antes de este minucioso trabajo, se
emocionaron con la nota a un maestro de frontera y se propusieron hacer lo
posible para mejorar esa triste realidad. Y aunque comenzaron con donaciones de
ropa, zapatos, libros y juguetes, desde hace unos años incentivan a maestros y a
padres para que armen sus propias huertas y talleres de costura, y les llevan
herramientas y materiales.
También montan radios de largo alcance para que las escuelas estén comunicadas y
llevan paneles de energía solar para dotarlas de energía eléctrica. Y este
último año, lograron construir un aula: un sueño que costó 23.000 pesos y se
hizo realidad gracias a la ayuda de muchos. "Queremos ir para el primer día de
clases", confiesa Mirna.
D
e sobra saben que las urgencias más básicas a veces hacen olvidar otras
necesidades. "Nuestra ilusión es poner ventiladores de techo. En algunas
escuelas hace 50°, es insoportable", lamenta Anita. Por eso, además de
donaciones materiales, algunos depositan dinero. "Cada panel de energía solar
cuesta 5000 pesos", afirma Mirna.
Tienen cientos de fotos y un número todavía mayor de anécdotas. Con
puntillosidad organizan las cartas que reciben: anotan las que contienen pedidos
y reparten entre los donantes las que traen agradecimientos.
Los relatos se suceden y cualquier detalle basta para recordar alguna historia.
"A Salta llevamos una cocina con horno y, por primera vez, pudieron festejar un
cumpleaños con torta. Lloramos todos", recuerda Mirna.
"Una vez, como se comunicaron con una radio que tenía interferencias, entendimos
que eran 50 chicos, pero eran 150. Cuando llegamos, los juguetes no alcanzaban y
nos pusimos muy mal. Un nene nos dijo que no lloráramos, que los dejaban en la
escuela y jugaban un ratito cada uno", se emociona Anita y sigue: "Este año casi
nos desbarrancamos, pero se ve que Dios no quiso... Hay que seguir trabajando".
Sin vacaciones
De
domingo a viernes, cuatro horas como mínimo, madre e hija trabajan en el galpón
que ADRA tiene en Florida, en el conurbano. Mirna
trabaja en casas de familia, pero sus empleadores están advertidos: los
miércoles los destina enteros a esta tarea.
¿Cómo ayudarlas? Necesitan ropa, zapatillas, juguetes, bicicletas, cocinas,
media sombra de 12 x 12, alambre tipo romboidal, dos tanques de agua de 3000
litros, máquinas de coser, lanas, telas, un horno pizzero, dos garrafas de 15
kilos, dos palas de punta y seis ventiladores de techo, más un herrero, que haga
dos hamacas. También les vendría bien un archivo, para acomodar tantas cartas y
fotos. Su teléfono es 4710-1723 y su e-mail:
mirnadeadra@yahoo.com.ar.
Pero más que pedir, quieren agradecer a "Alberto Volpi, Nicolás Piaggio, Alicia
Juncadella, María del Carmen Martínez, Maderera Otto, Calera Antonio Callera,
Afredo Bonazzi y Roberto Nielsem que nos ayudaron a levantar el aula,
Sudamericana, Avon, Román, Granix, entre otras empresas, a Gendarmería y a una
cantidad enorme de solidarios particulares", enumera
Mirna, lamentando no poder nombrar a todos.
Viajan por Salta, Jujuy, Formosa, Misiones y Neuquén. "Siempre vamos dos o tres
veces a cada escuela, porque con un viaje nunca alcanza. El 75 por ciento de los
chicos están desnutridos, por eso armamos huertas y llevamos alimentos", dice
Mirna.
Un enorme cartel recibe a los que llegan: "Las manos que donan nunca quedan
vacías". Una lección en la que ellas pueden dar cátedra.
Por Cynthia Palacios
De la Redacción de LA NACION