HISTORIA DE LA PRIMERA MEDICA ADVENTISTA
Kate Lindsay (1842 - 1923)
“Tomás!
iLos perros están ladrando! iHay un lobo! iMi bebe!"; exclamó Katherine. Con una
horquilla, Tomás corrió hasta donde dormia su hiiita.
Esa mañana, el matrimonio había envuelto a la pequeñia Katie y la habían colocado sobre el cesped, a la vez que ordenaban a sus dos fieles perros que la cuidaran mientras aventaban heno a cierta distancia. Un lobo enorme había surgido del bosque, pero los perros to habían ahuyentado.
"iGracias a Dios! ¡El lobo se la podria haber llevado!", exclamó, la madre.
La familia Lindsay acababa de emigrar de Escocia y se había establecido en una propiedad boscosa de Wisconsin, cerca del Lago Mendota en Estados Unidos. Alli construyeron una cabana de troncos para protegerse de los lobos, Ios osos y el invierno. Cuando Katie creció no solo ayudó a cuidar de sus siete hermanos menores sino que también comenzó a colaborar en las tareas de la granja.
Cuando aprendió a leer, desarrolló un apetito insaciable por los libros. Para asistir a la escuela tenía que caminar rnás de seis kilómetros por el bosque Ileno de sonidos salvajes. Pero los libros y la escuela eran su vida. Su pupitre había sido hecho con un tronco cortado a la mitad y Katie usaba un largo palito para escribir en la tierra alisada al frente de la escuela.
Despues de leer un libro sobre Florencia Nightingale, comenzó a pensar que podia estudiar enfermerla. "La dama de la lámpara", como se conocía a Florencia, había pasado incontables horas cuidando a los soldados heridos en la guerra de Crimea. Kate recordaba las muertes de cuatro de sus hermanitos como resultado de enfermedades de la ninez. iSi tan solo hubiera sabido que hacer para salvarlos!
En noviembre de 1859, Isaac Sanborn se dirigió hacia Hundred Mile Grove, al noreste de Madison, para dar conferencias biblicas. Cuando el tren en el que viajaba quedó atascado en la nieve, Sanborn tomó sus maletas y camino hasta el pueblo. Preguntó por una escuela, y entonces anunció reuniones vespertinas. Entre los asistentes estaba la familia Lindsay y sus vecinos los Rankin, con sus ocho hijas pelirrojas. Kate y su familia aceptaron allí las ensenanzas biblicas adventistas.
Cuando se hizo imperiosa la necesidad de un templo, Thomas Lindsay ofreció una porción de su terreno y su vecino Alexander Rankin hizo lo mismo. Pronto se construyó una iglesia que llegó a ser conocida como la iglesia de Hundred Mile y estuvo en pie durante casi cien años.
Un día Kate entró corriendo a la casa con el último número del Second Advent Review and Sabbath Herald, el órgano oficial de la iglesia. "iMiren!, dice que en Battle Creek han abierto un pequeño hospital llamado Instituto Occidental de Reforma Pro Salud. Tengo que it allí y aprender a ayudar a los enfermos. Me gustaría realmente hacer ese trabajo. ¡Podría llegar a ser una enfermera e inclusive una doctora!"
Kate estaba decidida. De alguna forma iría a Battle Creek; nadie podría quitarle sus aspiraciones de ayudar a los enfermos. Pocos meses despues, Kate Lindsay dojó su hogar y se dirigió al Instituto de Battle Creek.
Sus primeras tareas no fueron tan agradables; tuvo que limpiar, cepillar y fregar. Pero Kate sabía lo que quería. En el hospital había pacientes a quienes podía ayudar y un médico del que podía aprender mucho. Lo extraño es que no había ni siquiera una enfermera preparada. Decidió que ella sería enfermera, y que seguiría estudiando.
Kate habia oido hablar del creciente número de instituciones que utilizaban la hidroterapia en reemplazo de medicinas que a menudo constituían un veneno. Una de las más reconocidas estaba dirigida por el Dr. Thatcher Trail, de Florence Heights, New Jersey. Tan pronto como pudo ahorrar unos dólares, viajó a esa institucion para realizar el curso de dos años en enfermería.
Al regresar a Battle Creek en el otoño de 1869, trabajó fielmente como enfermera, pero núnca perdió de vista su objetivo de ser doctora. Cuando la Facultad de Medicina de la Universidad de Michigan, en Ann Arbor, abrió sus puertas al sexo femenino, Kate se matriculó en la carrera.
La aceptación de mujeres no se logró sin recelos. El hecho fue catalogado como "un dudoso experimento". Los habitantes de esta pequeña ciudad observahan a estas damas con curiosidad. Se las señalaba y ridiculizaba; eran objeto de burlas y en las residencias para estudiantes dudaban en admitirlas. En la calle, Kate y sus compañeras escuchaban comentarios como estos: "La mente femenina no puede captar la enseñanza de disciplinas profesionales". "Su salud no podrá soportar la tensión". "Es un tremendo disparate". "Arruinará a la institucion porque la opinión pública hará que den marcha atras"
Finalmente, en 1875, Ilegó el glorioso día cuando Kate recibió su título de médica de la Universidad de Michigan. Regresó a Battle Creek, a lo que ahora se llamaba Sanatorio Médico y Quirúrgico de Battle Creek, para trabajar como Doctora bajo las Ordenes del Dr. J. H. Kellogg.
La
Dra. Lindsay fue asignada como Directora del Departamento de Obstetricia y
Pediatría. En ese puesto, dejó de lado las comodidades de un hogar y decidió
dormir en una habitación contigua a su consultorio, para estar disponible a
toda hora. Casi núnca usaba el ascensor, porque creía
que era más saludable subir y bajar por las
escaleras. Kate enfatizó mucho el uso de remedios naturales v fue una firme
defensora del aire puro y de mantener las ventanas abiertas, además de beber
mucha agua y bañarse con frecuencia.
Gracias a sus persistentes esfuerzos se inauguró una escuela de enfermería. Los libros de texto eran folletos donde había compilado sus copiosas anotaciones. Era sumamente puntual, y esperaba que todos sus estudiantes lo fueran. A menudo se la veía caminar de una clase a la otra con un enorme reloj despertador y la lista de asistencia.
La Dra. Lindsay expresó su filosofía de la enfermería al dirigirse a la clase de graduandos el 9 de noviembre de 1891: "Es desafortunado que el mundo no consideró antes que esta obra requiere estudios y preparación adecuados. Así como se pensaba que una mujer sabe por instinto lo que precisa hacer para cumplir sus deberes de madre, se pensaba que se podía ser enfermera por intuición. Recien hace poco sé ha descubierto que la enfermería precisa educación y dedicación cuidadosos de modo que requiere que aun las mentes más cultivadas utilicen todas sus facultades...
"La enfermera necesita recordar que cada habitación del hospital es un campo misionero. El consuelo de la religión jamás es tan precioso como en el momento de la enfermedad y el sufrirniento, cuando acaso las cosas de esta vida se desvanecen. Nadie se encuentra en ese momento, tan aliado al sufriente, como la enfermera. El ministro y el médico pueden hacer visitas periódicas, pero no pueden estar en una relación tan estrecha y confidencial con el paciente, como una enfermera.
"Recordad que vuestra misión es hacer el bien al prójimo, sanar a los enfermos y aliviar el sufrimiento. Al hacerlo así, estareis caminando directamente en las huellas del Maestro".'
En 1895 la Dra. Lindsay aceptó un llamado para colaborar con el personal médico y de enfermería en el Sanatorio Claremont, en Sudáfrica. Los mejores médicos de Ciudad del Cabo pronto reconocieron sus habilidades y conocimientos, y a menudo la consultaban. Cuando regresó a los Estados Unidos cuatro años más tarde, trabajó en el Sanatorio de Colorado, en Boulder.
Kate Lindsay pasó al descanso en marzo de 1923, en el corazón de las Montalias Rocallosas que tanto amaba.
Este artículo ha sido adaptado del libro They Had a World to Win (Un mundo que ganar), de Adriel D. Chilson (copyright © 2001 de la Review and Herald Publishing Association. Usado con permiso).
El autor, descendiente de Elena y Jaime White, fue pastor y evangelista adventista por más de cincuenta años. Si desea mayor information sobre este u otros libros relacionados con los pioneros adventistas, visite el sitio www.reviewandherald.com
Extraído de la Revista ADVENTIST WORLD, Febrero 2008 http://www.spanish.adventistworld.org/article.php?id=275&search=kate%20lindsay
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