LA TRANSMISIÓN DE VALORES EN LA
ESCUELA
Prof. Sonia
Krumm de Nikolaus
Vea otro artículo sobre Herramienta para enseñar valores
Desde siempre y en cada sociedad ha sido una preocupación para padres y
docentes, la transmisión de valores. Por medio de ellos se perpetúan los
principios y las cualidades netamente humanas. Especialmente en las escuelas
adventistas, asumimos la responsabilidad que bíblicamente se nos ha
encomendado: “Y estas palabras que yo te mando hoy estarán sobre tu corazón;
y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando
por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal
en tu mano y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los
postes de tu casa, y en tus puertas.” Deut. 6: 6-9
Estos versículos señalan concretamente la transmisión de los
mandamientos dados por Dios a su pueblo, pero detrás de cada uno de ellos, hay
un valor que lo sustenta.
¿Qué es un
valor? No
existe una única manera de definirlo. Según el Dr. Humberto Rasi, en el
sentido ético, un valor puede definirse como
“una cualidad o virtud que consideramos importante o necesaria o
deseable para una vida plena”.
Moreno
y Mitrece señalan tres rasgos
definitorios de los valores:
Los
valores son una cualidad del ser que convierten a las personas o cosas en
estimables o deseables y por lo tanto son objetivos.
Son
independientes de la cantidad y no pueden establecerse relaciones cuantitativas
entre las cosas valiosas. Es muy difícil medir la intensidad de los valores.
§
Ordenación
de los valores: jerarquía y bipolaridad
Los
valores son bipolares: el valor, por ser positivo supone un polo negativo
(contravalor o antivalor). Al valor de la belleza, se contrapone siempre el de
la fealdad; al de la bondad, el de la maldad, etc.
Los
valores se nos presentan como un sistema o una tabla ordenada jerárquicamente.
Existen valores que ocupan un lugar predominante o central en la vida de una
persona, mientras que otros poseen un carácter periférico dentro del sistema.
§
Los
valores como ordenadores de la existencia
Los
valores exigen su realización y suponen la ordenación de la existencia. No son
algo hecho, sino que deben realizarse. El sentido de la vida se encuentra
solamente en la realización de los valores. El hombre no es una realidad
acabada, está en parte hecho y en parte por hacerse. Es un ser en proyecto,
abierto a su realización. Hacerse hombre es comprender, estimar y realizar en
torno suyo los valores. Sobre todo, los superiores.
La
opción por un valor no es algo puramente intelectual y cognitivo, sino que
supone una carga afectiva y aspectos volitivos que orientan la conducta.
Posturas
sobre los valores y la educación axiológica
Moreno y Mitrece agrupan en tres corrientes las
ideas sobre el hombre y su relación
con los valores. Ellas difieren radicalmente entre sí.
§
El
hombre responsivo, modelado por el mundo
Abarca
todas aquellas concepciones deterministas cuyo planteo principal es que el
hombre debe conformarse a la sociedad siendo víctima de los dominios pasajeros
de las modas. Predomina una postura relativista social y cultural según la cual
la sociedad va generando, creando y cambiando los valores e imponiéndolos a los
individuos. Ej. Skinner
§
El
hombre autónomo, creador de sí mismo y del mundo
Posturas
exaltadoras del individuo al cual se le atribuyen características omnipotentes.
Lo social o lo dado es visto como impedimentos en la expansión del sujeto. El
sujeto crea o inventa valores. Posturas relativistas y subjetivistas extremas
que consideran a la transmisión de valores como una imposición. Por lo tanto,
toda educación axiológica queda fuera de sus planteos. Ej.: la Psicología
humanista de Maslow, el psicoanálisis gestáltico, la Psicología
transpersonal, la literatura psicológica de autoayuda y la New Age.
§
El
hombre autor de su vida y co-creador del mundo
Esta
postura parte de la aceptación de un orden y de valores que nos son dados. El
hombre debe tratar de descubrirlos para recrearlos y encarnarlos. Los valores
arrastran, empujan, llevan por su propio peso. No lo dejan a uno indiferente: lo
sacuden, lo empujan a la decisión y a la acción.
Decimos
que los valores están encarnados cuando han penetrado en el estilo de vida de
las personas, cuando son asumidos “con toda el alma”. Los valores que son
asumidos parcialmente producen ambivalencia y provocan resistencia o trabas. Las
modas o el conformismo social suponen una asunción parcial o superficial de los
valores. Este asumir incompleto tiene por finalidad el ser aceptado y valorado
socialmente, pero lleva a lo rutinario, al aburrimiento y el desinterés. La
verdadera adhesión a los valores, no debe confundirse con el conformismo.
Conformarse es mimetizarse por una mera conveniencia. El hombre conformista no
ama sus valores sino que los utiliza como seguro de protección.
¿Cómo
se adoptan los valores?
Los valores que adopta una persona están
arraigados en su cosmovisión, es decir, en la respuesta a las siguientes
preguntas (según Walsh y Middleton):
-
¿Quién soy? ¿Qué
es un ser humano? ¿Para qué existe? ¿Cómo se compara y cómo se relaciona
con otros eres humanos, con la naturaleza y con Dios?
-
¿Dónde estoy? ¿Qué es y cómo es la realidad que
percibo e intuyo? ¿Cuánto abarca el universo?
-
¿Qué anda mal? ¿Cómo podemos explicar el desorden,
la injusticia, el dolor y el mal que observamos y experimentamos? ¿Cuál es su
causa?
-
¿Cuál es la solución? ¿De qué manera podemos
resolver el enigma del mal y lograr la felicidad individual y colectiva? ¿Sobre
qué base es posible aspirar a un mundo mejor?
Los adventistas consideramos al tema
del Gran Conflicto entre el bien y el mal como marco o estructura histórico-filosófico
que nos permite dar respuestas a estas preguntas y definir nuestro papel en esta
vida.
De dónde salen las decisiones?
Durante la niñez y la juventud, vamos
adoptando valores que determinarán
nuestros motivos, actitudes y decisiones.
Cuando las personas no tienen un
fundamento sólido sobre el que basar sus valores, las decisiones se
contradicen, las actitudes son cambiantes y los motivos pueden ser errados.
Los valores no existen como conceptos
aislados. Están integrados a nuestras acciones y buscan una coherencia con el
sistema. Desde una perspectiva cristiana, toda la constelación de valores
depende de los valores espirituales. Estos son los que han sido revelados en la
Biblia.
Los niños van internalizado valores
por la observación directa de la encarnación de los mismos en sus padres y
otras personas que los rodean. En un principio, el adulto va eligiendo los
valores que guiarán al niño, pero paulatinamente deberá permitirse el
desenvolvimiento de la personalidad en un contexto de creciente libertad y
responsabilidad.
Esto
implica riesgos: el niño puede emplear mal esa libertad, y cometer errores. Aún
así, es bueno recordar que la conducta auténticamente ética es el resultado
de la libertad y la elección individual y no de la conformidad sin
cuestionamientos o la obediencia forzada.
Podemos organizar al mundo de los
valores, desde una perspectiva bíblica, en
tres grupos que no siempre coinciden entre sí:
§
Valores
de la sociedad secularizada,
naturales en el ser humano, centrados en el ego y exaltados por los medios de
comunicación.
§
Valores
de la comunidad cristiana, basados
en la revelación bíblica, característicos de una subcultura y resultado de
una transformación espiritual.
Internalización
de valores
Las personas no reciben pasivamente los valores. Los docentes no podemos
pretender que se aprendan como se aprenden conceptos históricos o de cualquier
otra índole. Cada individuo examina, prueba y adopta los valores al interactuar
con otras personas, instituciones e ideas. En la niñez se ponen las bases, pero
la edad crítica de la internalización de valores personales, es la
adolescencia (entre los 13 y 22 años o más). Este período está caracterizado
por las preguntas, los cuestionamientos y la experimentación personal. El
adolescente decide cuáles valores adoptará y encarnará, y cuáles desechará.
Por eso es tan importante lograr identificaciones positivas con los valores
espirituales. Aún cuando en este período se definen decisiones, el
refinamiento de los valores individuales continúa el resto de la vida mientras
que la persona madura .
Donna Habenicht extrajo del Espíritu
de Profecía seis principios básicos para la transmisión de valores a los niños:
1-
Establecer una relación
“Adaptaos
a las necesidades de los niños y lograd que os amen. Debéis conquistar su
afecto, si queréis inculcar la verdad religiosa en su corazón.” HA 392:1
2-
Aproximarse individualmente
“No
todos los niños pueden ser tratados de la misma manera, puesto que la restricción
que debería mantenerse con uno podría aplastar la vida de otro. Estudiad las
mentes y los caracteres de vuestros hijos. Durante los primeros años de
sus vidas es el tiempo de trabajar, velar, orar y animar cada buena
inclinación.” Ms 32,1899.
3-
Enseñar las Escrituras
“Nuestros
hijos debieran ser instruidos de tal modo que lleguen a conocer perfectamente la
Palabra de Dios, a fin de ser capaces de saber cuando se lee una parte de la
Escritura y se deja de leer otra parte a fin de causar una falsa impresión”
Ev 429:3
4-
Hacer atractiva la religión
“Los
padres no deben obligar a sus hijos a tener una forma de religión, sino
presentarles de una manera atractiva los principios eternos.” HA 292:1
5-
Cuidarse de demasiada crítica
“En
los esfuerzos que hacemos por corregir el mal, deberíamos guardarnos contra la
tendencia a la crítica o la
censura... Las flores no se abren bajo el soplo de un ventarrón.” Ed 283:2
6-
Conducirlos, no arrearlos
“Los
niños no pueden ser llevados al Señor por la fuerza. Pueden ser conducidos,
mas no arreados.” HA 276:3
Una educación cristiana completa, tiene tres áreas de influencia directa sobre el niño: la familia, la escuela y la iglesia. Si estos tres factores de influencia son efectivos, la enorme presión social que recibe el niño podrá ser enfrentada exitosamente. Si al menos existen dos áreas fuertes, el niño puede ser encaminado positivamente. Sin embargo, en la educación planteada por Dios mediante E. De White, familia, escuela e iglesia deben estar en completa colaboración para la formación de los niños.
Tres
enfoques para la integración de valores en la enseñanza
En nuestros colegios y escuelas adventistas, existe un Plan Maestro de
Desarrollo Espiritual, cuyos objetivo principales son: la elección y
explicitación de valores bíblico-cristianos para transmitir a los alumnos y la
concreción de estos planes en actividades concretas de integración. El Dr.
Humberto Rasi propone para realizar este proceso, la utilización de tres
enfoques coordinados: el curricular, el co-curricular y el metodológico.
§
Enfoque
curricular
Casi cada área puede enseñarse en
tres niveles: el nivel de datos, el de conceptos y el de valores.
Nivel
de datos: el
docente expone y el alumno aprende información, eventos, realidades y técnicas
específicas. Ejemplos: significado de palabras, eventos históricos, sitios
geográficos, operaciones fundamentales, una técnica para ejecutar un
instrumento musical, etc.
Nivel
de conceptos: docente
y alumnos exploran los principios que sustentan o explican los eventos y la
realidad. Se agrupan datos para proponer leyes o formular generalizaciones.
Ejemplos: gramática y sintaxis, los factores que motivaron ciertos eventos históricos,
leyes científicas, se aprende a interpretar una pieza musical.
Nivel
de valores:
se examinan los datos y conceptos para relacionarlos con principios éticos y de
conducta. Ejemplos: ¿Es esto útil o dañino, bueno o malo, feo o bello,
aceptable o inaceptable? ¿Con qué bases o principios hago esa evaluación? ¿Cómo
me relaciono personalmente con esos principios?
En cada asignatura es posible pasar por
estos tres niveles y conceder a los valores la importancia que merecen en la
educación adventista.
§
Enfoque
co-curricular
La filosofía de la educación
adventista sustenta la formación integral de los alumnos, abarcando el
desarrollo físico, intelectual, espiritual y psicosocial. Esto implica que los
valores también se transmitan en las experiencias co-curriculares, fuera del
aula y no solamente como parte del currículum formal.
Las oportunidades para comunicar
valores cristianos fuera del aula, son tan variadas como las posibilidades que
tengamos de encontrarnos con nuestros alumnos.
Algunos ejemplos:
-proyectos de trabajo formativo
(talleres, clubes, tareas de mejoramiento de la institución)
-actividades en la naturaleza (picnics,
campamentos, excursiones)
-reuniones de cultura general;
programas recreativos y culturales (conciertos, concursos, dramatizaciones,
etc.)
-proyectos de servicio al prójimo
(visitas a hospitales, asilos, zonas carenciadas o de desastres naturales,
atención de familias necesitadas, etc.)
-desarrollo de actividades deportivas que den lugar a encuentros amistosos y la oportunidad de relacionarse con otros jóvenes.
El
enfoque co-curricular también debería planificarse. La existencia de proyectos
correctamente fundamentados y pensados dentro de un calendario factible, dará
mayores posibilidades de éxito a la implementación del proyecto. Muchas veces,
todas estas actividades tan ricas en valores son minimizadas o dejadas de lado
por falta de planificación. Es necesario diagnosticar antes de planificar y
luego, pensar en los recursos humanos y materiales que se requiere para cada
una, así como en plazos para su concreción.
Otras sugerencias para el enfoque
curricular:
-
Insistir en que el personal docente y no docente esté constituido
totalmente por miembros activos de la Iglesia Adventista para evitar
incoherencias en los modelos educativos.
-
Favorecer el relacionamiento personal entre profesores y estudiantes,
limitando el número de alumnos en una clase y programando oportunidades de
entrevistas privadas para aconsejar, animar y orientar a los alumnos.
-
Organizar un programa de actividades religiosas que abarque la devoción
privada, semanas de oración y evangelismo.
-
Enfatizar el servicio al prójimo programando actividades que permitan el
desarrollo de las capacidades y dones individuales, y también que den lugar a
la formación de futuros líderes.
§
Enfoque
metodológico
Desde este enfoque, los valores pueden
transmitirse de tres maneras:
1-
Los valores se ejemplifican mediante modelos
humanos atractivos y relaciones
interpersonales positivas en un contexto que destaca la gracia divina.
Los
modelos de identificación que ofrece la sociedad contemporánea, raramente
destacan otra cosa que el hedonismo, el desenfreno, el materialismo, la
ostentación y el nihilismo.
La
familia en fragmentación, y la declinación de la influencia de la iglesia en
los jóvenes, hacen que la responsabilidad en la transmisión de valores recaiga
cada vez más sobre la escuela cristiana.
Los alumnos buscan conciente o inconscientemente un modelo. Cuando se establece una relación amistosa entre profesor y alumno a través de contactos dentro y fuera del aula, el estudiante tiende a imitar y a aceptar los valores del educador.
Cuando los docentes ejemplifican equilibradamente el
carácter justo y misericordioso de Dios –la ley y la gracia- , el Espíritu
Santo inspira a los alumnos a hacer suyos los valores y estilo de vida que estos
maestros presentan.
2- Los valores se comunican a través del diálogo relacional, lecturas apropiadas,
la
reflexión personal y la discusión dirigida.
-
Los alumnos tienden a aceptar los valores que propone una escuela
cristiana si los docentes dedican tiempo a explicar las razones por las que se
mantienen ciertas reglas de conducta y los principios o valores que las
sustentan.
-
La conversación basada en biografías, relatos, parábolas, personajes
históricos y dilemas éticos presentados por el maestro, ofrecen al alumno la
oportunidad de reflexionar sobre los modelos, decisiones, valores y
consecuencias.
-
El testimonio personal de un docente respetado que expresa con
naturalidad sus convicciones religiosas ejerce una poderosa influencia sobre los
estudiantes.
-
La creación de una atmósfera adecuada en la clase de Biblia ofrece
oportunidades para que el alumno exprese sin temor sus preguntas, dudas,
preocupaciones y convicciones. El diálogo franco es necesario para ayudar a los
jóvenes a desarrollar convicciones que les permitirá mantenerse firmes en el
futuro ante el cuestionamiento hostil, la presión de los compañeros, la
oposición y el ridículo.
3-
Los valores se internalizan mediante un cometido personal, su expresión verbal
o artística y su aplicación práctica en la experiencia personal.
Los jóvenes son sensibles a las
expresiones creativas y artísticas. Por eso, en nuestras escuelas debieran
existir espacios para expresar convicciones mediante la poesía, la música, el
canto, el dibujo, la pintura y la dramatización. Estas actividades pueden
promover la internalización de principios cristianos y producir un impacto
sobre los compañeros y familias.
Algunos ejemplos:
-devocionales breves presentados por
los alumnos
-semanas especiales (de énfasis
espiritual, de temperancia, de la familia, de la higiene, de lengua y
literatura, etc.)
-concursos de afiches, poesías,
prosas, discursos, etc. sobre temas determinados
-representaciones dramáticas
-presentaciones musicales y giras con
coros, conjuntos instrumentales, etc.
-“laboratorio de la clase de
Biblia” para conectar el estudio teórico de las
creencias cristianas con su aplicación
práctica. Docente y alumnos redactan una lista de actividades entre las
cuales cada alumno elige una para satisfacer un requisito de una experiencia de
“laboratorio”. Esto incluye actividades
de servicio al prójimo y de evangelismo público o privado.
CONCLUSIONES
Cuando
pensamos en la integración de valores en la enseñanza, en ocasiones los
docentes intentamos amalgamar lo que enseñamos normalmente con la Biblia y
realizamos un enorme esfuerzo por integrar los conceptos bíblicos a los
contenidos básicos de enseñanza.
Pero integrar valores, implica mucho más que una unificación de
conceptos. La integración parte esencialmente de la vida consagrada a Dios del
docente. Entonces, los deseos de Dios, su Palabra y su Espíritu, hilvanarán
todas las aristas de la vida cotidiana, como “hilos de oro”, y naturalmente,
todas las enseñanzas estarán impregnadas de los valores espirituales.
Dice
E. de White que ...”sus
principios vivos (de la Biblia), corriendo por nuestras vidas como hilos de oro,
son nuestra única salvaguardia en la prueba y la tentación”, y que “Las Sagradas Escrituras... deben ocupar el primer lugar en
todo sistema educativo; porque el fundamento de toda educación correcta, es el
conocimiento de Dios” C.p. M. p. 323
Cuando
pretendemos integrar los contenidos con los valores espirituales , sin un
compromiso real con el Creador del conocimiento, el resultado es una
“pegatina” de conceptos, un collage que se dice y se contradice. El alumno
percibe incoherencias y no elige los modelos de identificación inauténticos
que se le ofrecen.
Finalmente, la transmisión de valores debe hacerse por una doble vía,
al decir de Obiols: la vía transversal,
por medio de un serio compromiso personal y institucional con los valores
elegidos, y la vía específica o
formal, desarrollando contenidos planificados para trabajar los valores
conceptualmente.
Ambos tratamientos, deberán partir de una convicción profunda, auténtica
e independiente de las presiones del medio en los valores seleccionados. No se
puede dar lo que no se tiene. No se puede enseñar lo que no se vive. Por ello,
los valores del docente, y aún su vivencia espiritual, son tan importantes como
su preparación intelectual.
Habenicht,
D. (2000). Enséñales a amar. Colombia: Asociación Publicadora
interamericana.
Krumm
de N., S. (1999). “La Biblia como eje integrador en el Nivel Inicial” en
Krumm de N., S. y otros. Sugerencias curriculares, didácticas y metodológicas para la enseñanza
de la Biblia en el Nivel Inicial. Entre Ríos: UAP.
Krumm
de N., S. (1999). “La transmisión de valores” en Ser
y Expresar. Nº 10.
Moreno,
E. Y Mítrese de I., M. (1996). Los
valores. Una aproximación desde la Psicología. Buenos Aires: EDUCA.
Obiols,
G. (1998). “Enfoques, inserción curricular y metodología” en Dallera, O. Y
otros. La
formación ética y ciudadana en la Educación General Básica. Buenos
Aires: Novedades Educativas.
Sarabia,
B. (1995). “El aprendizaje y la enseñanza de las actitudes” en Coll, César,
y otros. Los contenidos en la reforma (enseñanza y aprendizaje de conceptos,
procedimientos y actitudes).
Madrid: Santillana.
Rasi,
H. (1998). Conferencia: Valores
cristianos en la educación adventista. Segundo Congreso Iberoamericano
de la Educación Adventista. Montemorelos, México.
White,
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